Ciclo de la violencia física

Las mujeres que sufren violencia física por parte de su pareja o ex pareja, no sufren las agresiones de forma constante. Pero tampoco la agresión es casual, responde a un ciclo y a un objetivo: controlar su conducta.

  1. La primera fase. La víctima suele intentar reducir la tensión mediante estrategias “negociadoras” que calmen al agresor, puede justificar las agresiones por factores externos (alcohol, stress, desempleo, problemas familiares, etc.). La relación entra en una espiral de tensión y violencia cada vez mayor: la víctima se encuentra acorralada entre la tortura psicológica y la pérdida de control y el agresor va reforzando su capacidad de manipulación, de control; Si se pasa a la segunda fase (episodio de violencia física) la víctima puede terminar por asumir la responsabilidad, la culpa o la incapacidad (síndrome de invalidez aprendida) de “no haberlo sabido calmar”.
  2. Segunda fase. Cuando finaliza la agresión física, la mujer se encuentra en un estado de colapso emocional al que acompañan sentimientos de indiferencia y depresión, que provocan un síndrome de acción retardada.
  3. Tercera fase. es cuando es más frecuente que la víctima abandone la relación o busque ayuda externa. Sin embargo, la capacidad de presión del agresor termina provocando que muchas de ellas continúen con la relación. En el marco de la denominada “estrategia de la negociación”, la víctima cree que la violencia sufrida puede estar asociada a problemas de pareja y que con su influencia o el afecto que media entre ambos se pueden terminar venciendo. Interpreta que el agresor está arrepentido, que precisa su ayuda o que sus hijos/as necesitan a su padre.