Origen de la palabra economía

En términos etimológicos este vocablo proviene de oikonomike, voz formada por dos raíces griegas: oikos (el manejo de la casa, todo lo que uno posee) y nomos (tratado, ley, administración), de donde resulta que los griegos emplearon este término para designar la ordenación de la casa o “el acto de administrar prudente y sistemáticamente el patrimonio familiar”, entendido tal patrimonio no sólo como la casa en que se habita, sino los bienes de la familia, los utensilios, los esclavos y lo que el grupo familiar producía.

El término alcanzó tan diversas acepciones que actualmente se le otorgan variados alcances. Se dice que el hombre actúa económicamente, es decir racionalmente, con lo que se sugiere la idea de una correcta distribución; por otro lado se comenta que cierta persona perdió sus economías, queriendo significar sus ahorros.

Para Bodin tienen dos significaciones el vocablo:

1. “Se expresa la idea de una acción bien concebida, conforme a una regla de conducta ingeniosa y sabia que permite en consecuencia obtener, de recursos dados, un máximo de ventajas”;
2. “No piensa, propiamente hablando, en un buen empleo de sus recursos sino más que todo en no haber hecho uso de ellos, al menos de momento”.

No obstante la separación de significados, en el fondo encuentran coincidencia, pues sin duda quien hace economías, obra con economía.

Pronto surgen derivados de la palabra que van adquiriendo otros matices, como cuando se habla de economía nacional, de economía agraria, de economía social o de economía política.

Respecto de esta última acepción se expresa que la “actividad que desarrollan los hombres utilizando las reservas materiales y personales disponibles con el objeto de satisfacer sus necesidades, da nacimiento a una serie de fenómenos económicos tales como la producción, el cambio, la moneda, el precio de las mercancías, los tipos de cambio, la distribución del ingreso entre diferentes consumos, etc.

El estudio de estos fenómenos constituye una ciencia especial: la economía política”. En suma, aun cuando “las lenguas modernas han tomado la palabra economía de los griegos, designaban con ella casi lo contrario de lo que ellos designaban”.

Las primeras fuentes de información nos conducen a la reflexión de ilustres pensadores griegos que desplegaron especial interés en el estudio de los fenómenos económicos, entre otros, Jenofonte, escritor y político, autor de tratados sobre la Administración de la Hacienda y el Hogar; de su diálogo Oeconomicus se conocen las cuestiones relativas a la agricultura y su papel de actividad productiva.

En su ensayo Procedimientos y medios para aumentar los ingresos de Atenas examina con brevedad “los problemas que entraña la hacienda pública y señala las ventajas del comercio internacional; recomienda un trato más liberal a los comerciantes extranjeros como fuente de crecientes ingresos para Atenas, propone fórmulas de tributación justa y afirma que los precios se establecen por la interacción de la demanda y la oferta”.

Platón subordinó la economía a ciertas coincidencias de carácter político y ético; Herodoto y Tucídes, historiadores resaltaron la importancia de la conducta económica en la historia. Aristóteles, en su Estudio de la Administración de la Hacienda Doméstica, expresa que hay tantas economías o acepciones del término, como clases existen 12 y señala así la economía regia, que estudia el movimiento de ingresos y egresos en la casa y pertenencias del soberano; la economía provincial, que estudia similar movimiento en casa de los gobernadores de las provincias; y la economía política, que estudia lo correspondiente a la casa de los ciudadanos o polis, acepción esta última que algunos tratadistas consideran como el origen del nombre de nuestra ciencia.

Por mucho tiempo el término economía política desapareció inexplicablemente de los libros y de los conocimientos generales, para reaparecer en 1615, en que Antón de Montchrétien publica un interesante volumen al que titula Traiclé de l´Oeconomie Politique. De entonces a nuestros días encontramos frecuentes aportaciones que conservan en constante evolución a la ciencia económica.

Fuente: Apuntes de Microeconomía de la UNIDEG