Educación para el desarrollo, los cambios por un futuro mejor

La mayoría de los sistemas educativos tiene como objetivo la preparación del alumnado para el futuro. En efecto, la existencia del futuro es la única razón de ser de la educación. Sin embargo, la mayoría de los programas escolares todavía tienen su orientación hacia el pasado, y dan pocas ocasiones a los alumnos para reflexionar sobre su porvenir y sobre lo que podrían hacer con los conocimientos que han acumulado.

Pregunta a un niño de la escuela de párvulos a qué se parece el futuro y te contestará con un montón de imágenes – viajes por el espacio, robots, armas de destrucción y batallas intergaláctica -. Son la televisión y los videojuegos los que forman sus impresiones del futuro.

En el entorno educativo, los alumnos tienen pocas ocasiones para pensar en el tipo de mundo en que quisieran vivir realmente. Sin embargo, cuando se les concede esta ocasión, los alumnos asombran a menudo a sus profesores por el gran interés que tienen por el futuro. Los jóvenes de hoy pasarán su vida en el siglo XXI, por eso no es extraño que se preocupen mucho por lo que les reserva el futuro.

Se puede tratar el futuro como un tema interdisciplinario cuya dimensión abarque todas las asignaturas. La educación sobre el futuro puede ayudar a los alumnos a darse cuenta de que las acciones realizadas en el pasado tienen una influencia en el presente, y que las acciones que se están realizando ahora repercutirán en el futuro. Esto ayudará a los jóvenes a entender que el futuro no está todavía fijado ni predeterminado sino que puede variar.

Pueden ocurrir muchos futuros alternativos, pero es el comportamiento que tenemos hoy en día el que hará realidad una de estas alternativas. Para que el aprendizaje sobre el futuro no se transforme en juego de predicción sobre lo que podría ocurrir dentro de unos años, es necesario que los alumnos descubran futuros alternativos, teniendo en cuenta las necesidades urgentes de los miembros de la sociedad de elegir bien en el presente.

Es incontestable que el cambio es más rápido en el presente que lo era en los siglos pasados. La educación sobre el futuro tiene que basarse en un estudio del procedimiento de cambio y en una comprensión de cómo se produce este cambio. Los cambios rápidos que se producen local, nacional y mundialmente, provocan en los alumnos sentimientos de abatimiento o de impotencia, o de falta de aptitudes para controlar las fuerzas que afectan sus vidas. Si los alumnos necesitan entender por qué algunas alternativas para el cambio y la acción no les son accesibles, la exploración de las posibilidades realistas puede constituir un estímulo y un buen antídoto contra la desesperanza. Los alumnos necesitan salir de la escuela con confianza en sus propias capacidades para influir en el cambio y buena voluntad para hacerlo efectivo.

Los padres debemos enseñar que hay muchos futuros posibles y muchas posibilidades de cambio, no sólo a nivel mundial sino también a nivel personal. Las decisiones que nuestros hijos van tomando a medida que crecen, deben ser respetadas y comentadas aunque no sean las que más nos gustan a nosotros o no las consideremos las más oportunas.

La esperanza de un mundo mejor para todos también contempla el hecho de abrir el abanico de posibilidades entre las que las personas pueden elegir y sentirse realizadas y dejar a un lado esa visión arcaica para la cual sólo hay una forma de vida que conduzca al éxito. La esperanza de un mundo mejor pasa por la autorrealización personal, más que por el éxito profesional. Y alcanzar la satisfacción personal en un futuro no muy lejano se consigue mejor con apoyo, comprensión y cariño.

Fuente: solohijos.com