Hispania

Hispania, nombre por el que los romanos conocieron a la península Ibérica y, por extensión, denominación de esa zona geográfica durante la edad antigua.

LA ROMANIZACIÓN Y EL ORIGEN DEL TÉRMINO

La historia de Hispania es, de alguna manera, la historia de la romanización de ese territorio europeo, es decir, de la difusión de la cultura romana a través de una dominación colonial especialmente interesada en las riquezas mineras peninsulares; de la propagación, en definitiva, de la lengua latina, de la que surgirían la lengua española, la catalana, la portuguesa o la gallega, y de la expansión del Derecho romano. Asimismo, las obras públicas y la red de comunicaciones romanas, y la difusión del cristianismo, a partir del siglo II d.C., son otras características fundamentales de la época en la que la península Ibérica era conocida como Hispania. La nueva denominación pervivió más allá del final del Imperio romano y, por evolución lingüística, fue transformándose, primero en Spania y, finalmente, en España.

DIVISIÓN TERRITORIAL

Inicialmente, en el 197 a.C., cuando Roma apenas dominaba las costas mediterráneas de la península Ibérica, el territorio fue dividido en dos provincias: Hispania Citerior (la más cercana geográficamente a Roma, que comprendía el este y noreste peninsulares, con capital en Cartago Nova, la actual Cartagena) e Hispania Ulterior (la más alejada de la metrópoli, cuya capital fue Corduba, hoy Córdoba). Sin embargo, en el 27 a.C., el primer emperador romano, Augusto, dividió la Ulterior en dos nuevas provincias (Lusitania y Bética) y llamó Tarraconense a la Hispania Citerior.

A comienzos del siglo III, el emperador Caracalla desgajó de la Tarraconense la provincia Hispania Nova Citerior Antoniniana (futura Gallaecia), que comprendía el noroeste peninsular. A principios del siglo IV, el emperador Diocleciano creó una nueva división territorial del Imperio romano en la que aparecieron unas entidades supraprovinciales denominadas diócesis. Hispania se convirtió en la diócesis de las Hispanias (Diocesis Hispaniarum), y se creó en ella una nueva provincia: la Cartaginense (centro y este peninsulares, más las islas Baleares), desgajada también de la Tarraconense. Por otro lado, el norte de África fue englobado en ese mismo siglo como parte de Hispania, con el nombre de Mauritania Tingitana, con capital en Tingis (la actual Tánger). Como consecuencia de todo ello, en los comienzos del siglo V, ya en los estertores de la dominación romana, Hispania se componía de siete provincias.

BREVE HISTORIA DE HISPANIA

Hispania fue uno de los escenarios de las pugnas mantenidas entre Roma y Cartago, concretamente de la segunda de las Guerras Púnicas (218-201 a.C.), y de las luchas internas durante la República de Roma e incluso durante el Imperio. La propia conquista romana de Hispania estuvo relacionada con ambos procesos, y comenzó en el 218 a.C., con el desembarco romano en la helenizada Ampurias, para darse por acabada (de forma incompleta, no obstante) con las llamadas Guerras Cántabras (29-19 a.C.). Los romanos hallaron en la península Ibérica a los cartagineses, pero también a los denominados por los historiadores pueblos prerromanos, entre los que cabe destacar a celtíberos, turdetanos, iberos, cántabros, vascones, astures y lusitanos.

La crisis romana del siglo III afectó también, como no podía ser de otra forma, a Hispania, que vio la creciente decadencia de sus principales ciudades, en especial Tarraco y Emerita Augusta, las actuales Tarragona y Mérida, respectivamente. En los primeros años del siglo V, dio comienzo la invasión de la península Ibérica por pueblos de origen germano, a los cuales los romanos denominaban ‘bárbaros’: los suevos, los vándalos y los alanos. Más tarde llegaron a Hispania los visigodos, establecidos en ella de forma definitiva en el siglo VI, cuando el Imperio romano de Occidente hacía tiempo que había llegado a su fin.