Deberes y la justificación didáctica

La mayoría de las familias están de acuerdo con que sus hijos lleven a casa deberes escolares, entienden que de esta manera los alumnos tienen la oportunidad de consolidar y poner en práctica los contenidos que se han explicado en clase, además de adquirir un hábito de trabajo que los adultos relacionan con una buena posición social, económica y personal para ellos en el futuro. No obstante, progenitores y estudiantes se quejan de la cantidad de deberes, mientras se preguntan si han de ser un complemento indispensable y si hay que ayudar siempre a los niños a desarrollar estas actividades.

Justificación didáctica

En la década de los 90, el Ministerio de Educación emitió un texto en el que se recomendaba, siguiendo la estela de otros países europeos, la desaparición de los deberes en España. Hoy, una gran mayoría de docentes, padres y orientadores está de acuerdo en la conveniencia de que los centros escolares «manden tareas para casa», tal y como hacen en la práctica a partir de los primeros cursos de Primaria.

No obstante, conviene matizar esta «unanimidad«. Es cierto que, «en general, la mayoría de las familias están de acuerdo con los deberes escolares». Ésta es una de las principales conclusiones de la investigación que llevó a cabo la catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad de Alcalá Pilar Lacasa sobre los trabajos fuera del horario lectivo.

Esta postura – según se extrae del estudio- tiene sus raíces en la idea de que estas experiencias educativas «facilitan la adquisición de conocimientos y destrezas, logrando así en un futuro no lejano una mejora en la posición social, económica y personal».

También es verdad que para los profesionales de la enseñanza los deberes para casa tienen una «justificación didáctica«, en palabras del inspector de Educación Arturo Ramo. La razón de ser de estas tareas se encuentra en las funciones que se les atribuye, cuyo peso específico tiene mayor o menor importancia dependiendo de la edad y las materias a las que nos refiramos:

– Consolidar lo que se ha aprendido en clase, ya que el desarrollo de estas actividades sirve para repasar, recordar o afianzar los conocimientos.
– Poner en práctica lo enseñado en la escuela.
– Posibilitar que algunos niños acaben los ejercicios que no han tenido tiempo de terminar en el aula.
– Convertirse en un instrumento eficaz de carácter formativo dirigido a crear un hábito de trabajo. Éste factor es muy importante cuando los niños son pequeños.

Los problemas suelen surgir por la cantidad e irregularidad de los deberes. Esto se debe a la descoordinación de los profesores, según Jesús Ramírez, coordinador de la sección de Educación del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid y miembro del consejo de redacción de la revista «Psicología Educativa». La solución consiste simplemente en «combinar días con materias». Por ejemplo, lunes y miércoles, lengua y matemáticas etc.