Lo que distingue al discurso interno del discurso externo, tanto en forma escrita como oral, es la falta de linealidad. Los objetos concebibles no son lineales, sino que se asemejan más a una red de asociaciones.
Esto se refleja en la hiperestructura de los textos, que en el material impreso puede representarse como notas a pie de página, apostillas y referencias bibliográficas.
Enseñar a los niños la hiperescritura es sencillo, pues a ellos les resulta más natural que a los adultos que han aprendido a disciplinar y a desarrollar su discurso de forma lineal. Fuente: Libro de las Tecnologías de la información y la comunicación en la enseñanza de la UNESCO.
