Déficit

Los déficit constituyen también sendos problemas fundamentales de una economía. Un país con déficit público tiene un sector público que gasta más de lo que ingresa. Para hacer frente a este exceso de gastos, el Estado puede hacer tres cosas: fabricar billetes (monetizar el déficit), lo que es fuertemente inflacionista; endeudarse con los ciudadanos, al emitir deuda pública y aumentar, por tanto, la deuda en circulación, lo que implica detraer ahorro nacional hacia el sector público en detrimento del sector privado; o endeudarse con el exterior, comprometiéndose al pago del principal y los intereses en los próximos años.

Las tres formas de financiación originan problemas importantes. ¿Por qué existe entonces el déficit público? Porque el Estado ha asumido numerosas funciones y prestaciones sociales, y a su vez aumentar los impuestos es una medida impopular. Los ciudadanos no desean que disminuyan los servicios que reciben del Estado, pero tampoco desean pagar más impuestos por unos servicios que, por lo general, piensan que se prestan ineficientemente. Por su parte, los gestores del presupuesto no desean reducir su participación en el producto nacional, y saben que pueden perder electores si aumentan sustancialmente los impuestos.

¿Significa esto que el déficit público siempre es negativo para la Economía? En absoluto. Se estima conveniente si el montante del déficit es inferior al presupuesto del Estado en inversiones en infraestructuras, viviendas públicas o capital productivo del Estado. También es incuestionable en caso de guerra o calamidad. Por último, puede ser la consecuencia de una necesaria política de reactivación económica que saque a la Economía de una profunda recesión.

Por su parte, el déficit exterior indica que una Economía consume más bienes y servicios de otros países (importaciones) que los que vende al exterior (exportaciones). El problema principal de esta situación es financiarla. Numerosos países han incurrido en una deuda externa que se ha convertido en un auténtico impedimento para el desarrollo económico, dado que tienen que destinar una buena parte de su producción a pagar el principal y los intereses de la deuda, en detrimento de las inversiones y el consumo interior. El impago de estas deudas ha originado también fuertes tensiones en los mercados financieros y el descrédito de los países morosos, que ven cómo se les cierran las puertas a la refinanciación de la deuda y a la entrada de capitales extranjeros que supongan una ayuda a su desarrollo.

Indudablemente, la otra cara del déficit exterior es el reflejo de la falta de competitividad del sector productivo de un país. Una realidad que, aunque pueda ser paliada a corto plazo con entrada de capitales, a medio y largo plazo endeuda al país y le obliga a adoptar una política de reajuste de su tipo de cambio.

Fuente: Apuntes de Macroeconomía de la Unideg