Picaduras

Las picaduras son una forma localizada de corrosión en la que el ataque está confinado a muchas cavidades pequeñas en la superficie del metal.

Las cavidades que se forman pueden variar en cantidad, tamaño y forma. Sin embargo, se piensa en general que una picadura verdadera tiene una relación de profundidad-ancho igual o mayor que 1.

El picado es un tipo especialmente incidioso de ataque porque aunque solo se pueda perder una cantidad pequeña de metal, puede ocurrir una falla debida a la perforación.

Las picaduras pueden contribuir a una falla general en otra forma. En componentes sujetos a esfuerzos muy altos, estas picaduras pueden actuar como muescas elevando los esfuerzos localizados, lo que resulta en la creación de grietas de fatiga.

El picado se puede presentar en varios metales y aleaciones, pero los aceros inoxidables y las aleaciones de aluminio son susceptibles en especial a este tipo de degradación.

El picado se presenta con más frecuencia en soluciones de pH casi neutros, que contengan iones halógenos. En general, aquellos factores que favorecen la corrosión generalizada (esto es, pH bajo, temperaturas más altas) no favorecen el ataque de picaduras.

La corrosión por picaduras se puede separar en la etapa de inicio y la de propagación. Las razones para que se inicien las picaduras no se entienden muy bien, pero parece que se relacionan con imperfecciones de la superficie.

La propagación de una picadura está relacionada con un proceso autocatalítico que ocurre dentro de ella. La disolución del metal se presenta dentro de la picadura y está acompañada por reducción de O cerca de la boca de la picadura o en la superficie del metal.

Esto resulta en un exceso de carga positiva (M+) en la base de la picadura y se presenta una migración del ion de cloro con el objeto de compensar el desbalanceo.

El efecto neto es una concentración del cloruro metálico en la picadura. Estos cloruros metálicos pasan por una hidrólisis de acuerdo con la reacción siguiente:

Hidrólisis

Esta reacción incrementa la concentración de iones de hidrógeno (incrementando la acidez) y favorece proporciones más grandes de disolución dentro de la picadura.

La mejor protección contra ataques de picaduras es la selección de un material que tenga una resistencia adecuada.

Esto requiere que se tengan datos muy amplios con relación al comportamiento de los materiales posibles, para medios ambientes que favorezcan las picaduras.

Fuente: Apuntes de Ciencia de materiales de la UNIDEG